La cacicada de los árboles

La intención del alcalde de Almería de arrancar los árboles que dan sombra a los viandantes en la Plaza Vieja constituye un ejemplo de hasta qué punto en su Ayuntamiento los intereses generales cayeron en el olvido, en beneficio de otros, cuyo origen desconocemos, pero que en nada tienen que ver con lo que de verdad importa: hacer de Almería una ciudad más habitable.

Va contra toda lógica que en la capital de la provincia con más horas de sol de Europa, el partido que gobierna su Ayuntamiento se haya empeñado en acabar con las pocas zonas de sombra natural con las que contamos. Debería ser al contrario, el PP tendría que poner como objetivo número uno de su acción de gobierno la ampliación de las zonas verdes de la ciudad, especialmente las de arbolado, para que nuestros barrios ganaran en calidad de vida.

Y en cambio, los árboles se arrancan y se sustituyen por macetas, y para dar sombra se aumenta el número de terrazas y se plantan sombrillas publicitarias. No nos engañemos, ese es el concepto de ciudad amable del PP, como nos vienen demostrando desde que gobiernan hace ya casi 15 años.

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Incapacidad y secuestro presupuestario

Los ayuntamientos seguirán siendo tutelados por el Estado a la hora de invertir el superávit resultante de sus liquidaciones presupuestarias. En el último decreto del Gobierno de Rajoy sobre financiación local, el Ministerio de Hacienda continúa siendo el que decide si los fondos municipales no invertidos, que pasan a engrosar un improductivo superávit, pueden ser finalmente gastados y a qué se deben destinar. La ciudad de Almería es ejemplo de cómo una nefasta gestión -la del PP y su equipo de gobierno municipal- puede empeorarse con este decreto del Gobierno, con el que se confirma el secuestro presupuestario de los ayuntamientos.

Es de suponer que la inmensa mayoría de los alcaldes habrá hecho bien sus deberes, empleando todo lo presupuestado en mejorar la vida de sus conciudadanos, pero en aquellas ciudades como Almería, donde el equipo de gobierno no haya sido capaz de gastar lo previsto, por obra y gracia de este decreto, el dinero permanecerá bloqueado, sin posibilidad de ser invertido en nada, engordando lentamente al abrigo de una cuenta bancaria.

Pero el dinero que reciben los ayuntamientos debería tener la capacidad de transformarse a la mayor brevedad en aquellas actuaciones que los vecinos y vecinas demandan a sus representantes políticos, convertido en planes de empleo o mejores servicios públicos, en definitiva, en esas pequeñas o grandes inversiones que solventan imperiosas necesidades o que hacen mejor el día a día.

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