La deuda de Rajoy

El Gobierno de España ha dado luz verde al proyecto de Presupuestos Generales de 2018 tras un acuerdo entre Rajoy y Rivera, cara y cruz de la misma moneda, que allana el camino para su aprobación definitiva. Un pacto que, según lo que ha trascendido, consolidará los recortes del Estado del Bienestar promovidos por el PP, para los que ha encontrado ahora la complicidad de Ciudadanos.

La gran pregunta en el caso de Almería, sin respuesta hasta conocer el detalle de las cuentas la próxima semana, es si se superarán los ridículos 40 millones para inversiones de 2017. Una cifra, que aún siendo de las más bajas del país, resulta que tampoco se ha gastado. Ni un euro ha ido a parar al arreglo de la desaladora del Bajo Almanzora y nada se ha destinado del medio millón para el tercer carril de la A7 entre Roquetas y Almería, por ejemplo.

Los hechos demuestran que el PP nos maltrata. Y es que, desde que Rajoy puso los pies en La Moncloa hace seis años, son más de 1.000 millones los que se han arrebatado a la provincia -entre partidas no ejecutadas y el dinero que nos correspondería si Andalucía tuviera una financiación justa del Estado-. Por ese motivo, de cara a los PGE de 2018, desde el PSOE reclamamos lo justo: que nos devuelvan lo que nos han quitado y que lleguen, por fin, las inversiones a las que tenemos derecho.

Nada mejor que la última visita de Fomento a nuestra tierra para haber plasmado ese compromiso. Pero el PP ha vuelto a dar la espalda a los almerienses. Porque, lejos de disculparse por participar de un Ejecutivo que paró las obras del AVE, que impone un planteamiento de vía única que no es aceptable, y que se ha cargado de la planificación el proyecto de Alta Velocidad con Granada, Íñigo de la Serna ha intentado tomar de nuevo el pelo a los almerienses en nombre del Gobierno. Ni ha planteado darnos lo que esperamos de su Ministerio ni ha hecho lo propio con lo que compete a otros departamentos para, entre otros, lograr que se concluyan las obras hídricas que el campo necesita para acabar con su sed.

Lo más grave de todo es que, además, los dirigentes del PP almeriense sean cómplices directos de las decisiones de un Gobierno que, hoy por hoy, es el mayor lastre a nuestro desarrollo socioeconómico. Y no por silencio, sino, mucho peor, por aplaudirlas. Solo así se explica la alfombra roja que el alcalde de Almería pone a De la Serna cada vez que viene a la ciudad o que el presidente del PP de Almería, Gabriel Amat, haya utilizado su posición como presidente de la Diputación para condecorar a su compañero de partido en Madrid. Porque, claro está, que lo hace por eso, ya que por sus hechos en el Ejecutivo nacional no lo merecía.

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