Un plan estratégico necesita de orden y consenso

Almería tiene que tener una hoja de ruta para su futuro como ciudad a corto, medio y largo plazo y para, dentro de la misma, trabajar en aquellas singularidades que la diferencien de otras ciudades cercanas o con características similares. Eso es un plan estratégico, ni más ni menos, algo que los socialistas consideramos urgente para la ciudad, que incluimos en el programa electoral con el que concurrimos a los comicios municipales, y que hemos venido reclamando al gobierno del Partido Popular desde que, en 2015, comenzara el actual mandato.

Fue esa persistencia en la reclamación de un objetivo que ya han cumplido muchas otras capitales con éxito -como la malagueña-, junto con la necesidad de distinguirse en algo del predecesor que lo puso a dedo donde está, las que llevaron al alcalde en julio de 2016 a comprometerse públicamente con la idea, aunque fuera a regañadientes y sin convicción. Se daba un paso importante, al que tenía que seguirle la puesta en marcha de un proceso ordenado, dinámico y flexible de participación ciudadana que es como, en cualquier manual, se define el desarrollo de un plan estratégico.

Pero, dentro de la marca propia de gestión caótica que se ha ganado a pulso el actual gobierno municipal, las cosas no han transcurrido como deberían. Han tenido que pasar 19 meses desde aquel mes de julio para que, de repente, el alcalde vuelva a anunciar tres medidas mezcladas y desordenadas en relación al plan. Es como si más que interesarle el plan estratégico de Almería, Fernández-Pacheco se hubiera acordado de que dentro de un año y cuatro meses hay elecciones municipales y de que, por lo tanto, tiene que tener para entonces un documento que presentar.

Ha habido tiempo de sobra para haber abierto a la participación un plan que tiene que abordarse desde la transparencia y que tiene que ser consensuado con la mayor parte de almerienses posible. Ha habido tiempo de sobra para haber articulado la labor de las mesas de expertos y del Consejo Social de la ciudad para que, a partir de ahí, tanto sectores económicos como agentes sociales puedan aportar todo su saber sobre Almería, sobre sus fortalezas y sobre sus debilidades. Está muy claro que el diagnóstico inicial podría haberse empezado a trabajar hace ya dos años y medio.

Porque eso es lo que se necesita para arrancar, es lo básico y prioritario, y no que desde el Partido Popular se den patadas por pagar 110.000 euros a una empresa para que le entregue al alcalde un borrador de plan justo antes de las elecciones, ni la contratación de un gerente cuando aún no hay proyecto alguno que gestionar.

La ciudad del futuro, para que sea la de todos, solamente puede salir de un proceso planificado y de un diseño compartido por muchos almerienses que conocen el potencial de nuestra agricultura -y la innovación asociada a la misma-, de nuestros servicios y de nuestro turismo, al par que ya están alertando del lastre en materia de competitividad que supone la carencia de unas adecuadas infraestructuras en materia de comunicaciones.

Será ese, sin duda, uno de los puntos destacados a abordar dentro de la redacción de un plan estratégico en el que, y así se lo exigimos al PP, tiene que primar el interés general y no el electoral. Almería puede aspirar a convertirse en una capital de excelencia, con una proyección nacional e internacional a la altura de lo que merece, porque tiene las bases para serlo.
El plan estratégico tienen que suponer una oportunidad para el empleo y una reactivación económica que lleve aparejadas mayores cotas de igualdad entre barrios y entre personas. Y está claro que si la mejora que queremos de la ciudad, es la mejora en la vida de la ciudadanía, el proceso no puede hacerse a sus espaldas.

Que se haga entonces bien, con ella como protagonista y yendo por partes. Solo de ese modo, en Almería tendremos un proyecto hacia el que caminar después de demasiados años con unos gobiernos del PP en los que la falta de modelo de ciudad ha sido una rémora para nuestro progreso.

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