Presupuestos malos por partida doble

El alcalde de Almería ha llevado a pleno esta semana su proyecto de presupuestos municipales para 2018 que, con un mes de retraso sobre lo marcado por Ley para no mantener inversiones paralizadas, han sido aprobados gracias al apoyo de Ciudadanos en el Ayuntamiento.

El análisis de las cuentas que el regidor ha presentado a la ciudadanía, después del número final en la carpa de circo que montó con ellas como telón de fondo durante más de cinco meses, es revelador: Son malas por partida doble. Y es que no responden a las necesidades más importantes que tienen Almería y los almerienses y, además, han nacido para no cumplirse.

Lamentablemente, los antecedentes de años anteriores ya adelantan lo que pasará ahora. Si en 2016, la incapacidad e ineficacia en la gestión del alcalde y el resto de concejales del Partido Popular hizo que se dejaran sin gastar 26,6 millones presupuestados para prestar servicios y acabar con las carencias de la ciudad, el avance de la liquidación ya conocida del presupuesto de 2017 refleja que, de los 33 millones previstos para inversiones, 24 se han dejado sin gastar otra vez.

Eso lleva a que este año el PP quiera vender la moto -permítanme la expresión- de un aumento de gasto en las inversiones previstas, cuando la realidad es que lo que se hace en gran parte es volver a repetir actuaciones que tendrían que haberse ejecutado en 2017. Prometió Fernández-Pacheco 700.000 euros para un plan de reforma integral del barrio de Oliveros, zona que no era de las que peor estaban, y no lo ha hecho; prometió 300.000 euros para actuar en la avenida Cabo de Gata y en El Zapillo y no se ha gastado un euro; prometió 850.000 euros para actuaciones en Nueva Andalucía, de los que no se han invertido ni 95.000… La lista es larga y viene a alimentar un capítulo de inversiones en 2018 que se completa gracias a proyectos financiados con fondos europeos, de la Junta de Andalucía y del Gobierno de España.

Otras administraciones tienen que contribuir al desarrollo de la capital, está claro. Pero no se puede perder la perspectiva de que la financiación del Gobierno de Rajoy va a parar a obras que ya tendrían que estar listas y que en el PP llevan años anunciando, como son la ampliación del Paseo Marítimo o la eliminación del paso a nivel de El Puche.

A esta manera que tienen el alcalde y Rajoy de no cumplir con lo que deben y con lo que se han comprometido con Almería, se suma otro punto importante dentro de la idiosincrasia particular del gobierno en el Ayuntamiento de la capital: El del papel mojado en el que se han convertido los dos acuerdos alcanzados por PP y Ciudadanos para que las cuentas salieran adelante en 2016 y 2017. Las cifras, que hablan por sí mismas, evidencian que de las 89 medidas pactadas, 70 siguen sin cumplirse. ¿Quién se va a creer ya a este alcalde y le va a dar una confianza que no merece ante este panorama global?

Lejos de preocuparse porque esta deriva de ineficacia y engaños en la que ha sumergido a la administración local se reconduzca, el alcalde ha volcado toda su energía en tragarse lo intragable en los presupuestos. Así las cosas, un mariposario, patinetes para policías, 15.000 euros para flores en barrios o muchos estudios sin concreción coronan unas cuentas sin un modelo de ciudad basado, como defendemos los socialistas, en la cohesión social y entre barrios, en la creación de empleo, en el apoyo a los sectores productivos almerienses y en la igualdad de oportunidades.

Desde el Grupo Municipal Socialista no vamos a respaldar nunca algo así. Que el PP no ponga en marcha un plan de empleo municipal y se consignen 50.000 euros a la promoción de empleo directa dentro de un presupuesto de 192 millones supone un insulto a las cerca de 20.000 personas desempleadas en Almería. Que el alcalde y sus concejales sigan entendiendo las políticas sociales como caridad, en lugar de querer alcanzar la excelencia en los servicios sociales, dedicando para ello 100 euros por habitante al año, es inadmisible en una ciudad en la que prácticamente 4 de cada 10 habitantes está en riesgo de exclusión social.

Por último, que se siga despreciando la participación ciudadana en la toma de decisiones -dejando de lado a las juntas de distrito y no creando la prometida aplicación que canalizaría consultas sobre actuaciones-, que no se diseñe una fiscalidad justa y progresiva o que la igualdad quede relegada a poco más que la celebración del Día de la Mujer, no pueden más que merecer que los concejales socialistas, más convencidos que nunca, hayamos votado que no al presupuesto sin fondo y sin alma del alcalde de la ciudad.

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