Almería, estación capital

La misma mañana que la Junta de Andalucía anunciaba la aprobación del proyecto para la construcción del nuevo Conservatorio de Danza de Almería, el PSOE lideraba en el pleno del Ayuntamiento una de las más importantes reivindicaciones sociales de la ciudad en respaldo a la Mesa del Ferrocarril y en defensa de la capitalidad de Almería.

Me refiero al proyecto para el soterramiento del paso a nivel de El Puche, un elemento cuya supresión es competencia exclusiva del Estado de la nación, pero que, a diferencia de lo que ha ocurrido con otros tramos de vía similares de España, nosotros tendremos que sufragar con fondos de la Junta de Andalucía y del propio Ayuntamiento, porque sabemos que si hubiera tenido que pagarlo íntregramente el Gobierno de Rajoy jamás se habría logrado.

Pero la sorpresa de este proyecto no ha venido solo a cuenta de la financiación, sino, además, por el hecho de que el PP haya planificado su ejecución mediante el traslado de la Estación terminal de Almería fuera de la ciudad. Conscientes de la importancia de que Almería conserve la capitalidad que le proporciona seguir siendo punto de destino y salida de dos millones de viajeros al año, desde el PSOE hemos propuesto al Ayuntamiento una iniciativa que no supone demorar un minuto su ejecución, ni tampoco ampliar la inversión. Gracias al apoyo del resto de grupos de la oposición hemos logrado sacar adelante una moción en positivo, que buscaba que el pleno se pronunciara sobre la necesidad de un estudio de viabilidad para dejar la estación actual como cabecera durante las obras de soterramiento del paso a nivel de El Puche.

Realizar esa actuación es una necesidad imperiosa y todos los grupos políticos nos felicitamos de que ya parezca arrancar, puesto que llevamos tiempo detrás de ella y es bueno que se inicie cuanto antes. Que Almería vaya a superar esa brecha que divide la ciudad siempre nos ha obsesionado por dos cuestiones: una, por la modernidad coartada con esa herida urbana, y dos, por la obsesión de garantizar la seguridad a esos cientos de familias que pasan a diario con sus hijos hacia el colegio y a esos miles de vehículos que se concentran en un uno de los puntos del tráfico más difíciles de Almería.

La fórmula que proponemos desde el PSOE para que la estación siga estando en Almería es perfectamente asumible. Simplemente pedimos que se haga ese estudio de viabilidad, pero que se le indique a los licitadores que oferten entre las mejoras de su propuesta realizar el desvío de la línea del tren de tal forma que no se tenga que trasladar la estación. Son prestaciones adicionales que las empresas podrían presentar sin que nos gastáramos más dinero y sin que tuviéramos que modificar el plazo de ejecución.

En el mes de noviembre, el Congreso y el Senado ratificaban el nuevo texto de la Ley de Contratos del Sector Público, con una disposición europea en la que se establece que el criterio económico a la hora de adjudicar un trabajo o servicio no será el más importante, sino el hecho de que se introduzcan mejoras en su ejecución. Europa nos dice que, a partir de ahora, se deben considerar también otras variables que contribuyan a la sostenibilidad, como evitar desplazamientos o costes ambientales adicionales.

 

Y los datos nos amparan. Según el Ministerio de Fomento, la media de las bajas que ofertan las empresas en cualquier obra pública está en torno al 20 por ciento. Ante una obra de 23 millones millones como ésta, estaríamos hablando de 4,6 millones, y si el desvío costara 4,5 millones y medio como máximo, Almería no se quedaría sin la estación de cabecera y suprimiríamos la tentación de que, pasados unos años, alquien pudiera pensar que no necesitamos la estación de Almería, una joya arquitectónica maravillosa, unida a la intermodal, con una futura conexión al puerto. Y lo mejor es que nuestra petición no va ni a retrasar un solo día el plazo, ni a modificiar nada de lo que ya se ha aprobado en el Consejo de Ministros.

Hay cuatro razones fundamentales por las que hemos dado este paso. La primera tiene que ver con no perder la intermodalidad, ya que la estación actual, como cabecera ferroviaria, tiene una ventaja frente a otras de España y de Europa, y es el hecho de tener al lado una estación de autobuses donde dos millones de pasajeros de toda la provincia y de todas las provincias vienen al año, 20.000 de los cuales cogen también el tren. En segundo lugar, por una cuestión logística, tanto para la accesibilidad de los ciudadanos, como para los servicios que se prestan, los trabajadores y todo lo que conlleva una estación de ferrocarril. Y en tercer lugar, por una cuestión de tiempos y tráficos. El PP nos propone llevar la estación a quince o veinte minutos de distancia, condensar una zona con mayor afluencia de tráfico de camiones, autocares y turismos, y colapsar un lugar con muy escaso aparcamiento. Además, estamos hablando de una estación cerrada, sin uso, que habría que acondicionar y gastar una considerable suma.

Por todo ello, proponemos no modificar el contrato, ni el importe ni los plazos, y sí respaldar a los trabajadores, a los almerienses y a los pasajeros para que no se les obligue a realizar otro trasbordo para llegar a Almería. Porque realizar una actuación tan necesaria como ésta no puede suponer restar ni ápice a lo que tenemos y los mandatarios del PP, empezando por el alcalde de la ciudad, lo deberían saber.

 

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