Rajoy deja sin agua el campo

Ya estamos en otoño, aunque las temperaturas que vivimos en Almería parezcan empeñadas en rechazar la idea. Época de lluvia, los agricultores miran expectantes hacia el cielo con la esperanza de que aparezcan las nubes grises cargadas del agua que necesitan sus campos. Llevan demasiado tiempo sin verlas, tanto que la propia Agencia Española de Meteorología ha confirmado que la provincia sufre el peor año en cuanto a precipitaciones de la última década.

Las voces de alarma desde el campo almeriense sobre las consecuencias de esta falta de agua se escuchan desde hace tiempo, centradas en advertir al Gobierno de España de la necesidad de encontrar alternativas al riego si se pretende que Almería continúe siendo, un invierno más, la despensa de Europa. Hasta 4.000 hectáreas del Almanzora podrían quedarse sin sembrar, con la consiguiente pérdida de empleo y de riqueza, por falta de unos recursos hídricos alternativos que el Gobierno del Partido Popular está negando.

Eso es, sin duda, lo más grave de todo. Hay soluciones, pero Rajoy no las está poniendo sobre la mesa, dejando sin agua nuestro campo. El ejemplo más reciente de esa manera de actuar se remonta a la semana pasada, cuando, a través de un Real Decreto del Consejo de Ministros se prorrogó la declaración de sequía para las cuencas del Júcar y del Segura, que contempla riegos de socorro y otras medidas excepciones para los productores murcianos y del Levante español mientras que deja fuera a los almerienses.

Es inaceptable que a unos agricultores se les ayude y a otros no por parte del PP, cuando la situación es similar y resulta indignante que, encima, este agravio se venga repitiendo en el tiempo. Y es que, como todos los afectados tienen bien presente, hace meses que el Gobierno bonifica el agua desalada en Alicante y en Murcia mientras que en Almería ha preferido no hacerlo, poniendo mayores dificultades competitivas a nuestras producciones hortofrutícolas y a quienes viven de ellas.

El colmo de la situación relativa al agua lo representa la desaladora del Bajo Almanzora, que podría haber aportado la solución que se requiere, si el Gobierno del PP la hubiese reconstruido después de las riadas que se la llevaron por delante hace cuatro años. Una vez tras otra, los dirigentes provinciales del PP han mentido sobre este tema y, hoy por hoy, solamente tenemos una instalación inservible y la gran estafa sobre papel de haber reservado 22,6 millones en los Presupuestos Generales del Estado de 2016 para unas obras que nunca quisieron comenzar.

El escenario es, sin duda, desolador. Y frente al mismo, los socialistas nos comprometemos a hacer todo lo que esté en nuestras manos -con iniciativas en el Congreso de los Diputados y el Senado- para tratar de forzar al Gobierno de España a cambiar su comportamiento con Almería. Porque estoy convencido de que nuestro trabajo, poniéndonos de lado de los agricultores, y las acciones reivindicativas de los regantes, organizados en la Mesa del Agua, son el único modo posible de hacer abrir los ojos a un presidente en funciones que está poniendo en riesgo parte de uno de los pilares económicos de nuestra provincia.

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