El desplante de Rajoy con Almería

El Partido Popular no ha dejado de estar en campaña desde el pasado 20 de diciembre. Su actitud en este tiempo, con un inmovilista Rajoy renunciando a someterse a la sesión de investidura y una crítica sistemática a la opción de cambio votada mayoritariamente por la gente, ha demostrado que siempre ha tenido la vista más puesta en unas nuevas elecciones que en las necesidades de los españoles.

Especialmente llamativo ha sido ver como durante estos meses, Gabriel Amat -presidente provincial del PP almeriense, de la Diputación Provincial y alcalde de Roquetas de Mar- no ha ocultado públicamente su deseo de que se repitieran los comicios, despreciando el mensaje enviado por los españoles de que se trataran de alcanzar acuerdos para gobernar este país que, por el contrario, sí entendió el Partido Socialista.

Con esos antecedentes provinciales, no es de extrañar que tanto Amat como los alcaldes de Almería y El Ejido hayan corrido para traer de precampaña al presidente de gobierno que tenemos en tiempo de prórroga. Pero lejos de lo que deseable, la visita quedará para el recuerdo como decepcionante. Su resumen: Una intervención cerrada; un par de paseítos con algunos selfies; y un adiós muy buenas, como se suele decir.

La estrategia nacional del PP está clara. Para no pegar más patinazos, lo mejor es que Rajoy no se salga del guión, que no hable más allá de lo previamente establecido. Lo mejor es trasladar un mensaje triunfalista y pasar a otra cosa. Pero, claro está, con esa forma de actuar incurrió en un desplante intolerable con Almería al no expresar ningún compromiso hacia nuestra tierra.

Como si los problemas no existieran -una actitud muy de Rajoy, por otro lado-, fue a recorrer una importante cooperativa agrícola sin hacer mención a la discriminación que padecen los agricultores almerienses al no tener agua desalada bonificada por el Gobierno como sí tienen en otras regiones o a su rebaja fiscal, cuestionada por los propios productores. Tampoco se refirió a posibles soluciones para el insufrible tarifazo eléctrico que padecen los regantes o a cómo su Gobierno ha dejado fuera de las ayudas de la Política Agraria Común al potente sector de frutas y hortalizas de la provincia.

Por supuesto, tampoco se mojó con una apuesta por las infraestructuras que la sociedad almeriense viene reclamando. Rajoy permaneció callado, que es lo mismo que negar el futuro en este caso, a pesar de que si el paso a nivel de El Puche no se ha eliminado es porque él no ha querido estos más de cuatro años, al igual que si no se ha hecho ni un solo metro de AVE o si no se han mejorado los trenes a Madrid.

Si incapaz fue el presidente de posicionarse sobre esos asuntos, mucho menos lo fue para poner sobre la mesa medidas de apoyo para los cerca de 36.000 almerienses desempleados que no cobran ya ninguna prestación o para las miles de familias que no llegan a fin de mes. Y así, con su silencio, con su ausencia de compromisos, Rajoy ha evidenciado que su paso por Almería no ha sido más que una despedida como presidente de una provincia que deja peor que la que encontró en la que, además, ha estado acompañado por unos dirigentes del PP a nivel provincial que han respaldado ese desprecio a Almería.

Con ese abandono es con lo que hay que acabar el próximo 26 de junio. Así las cosas, ha llegado la hora de que podamos tener un presidente, como Pedro Sánchez, que dé la cara cuando venga a la provincia pero que, sobre todo, se comprometa desde el minuto cero a dar respuesta a las necesidades de nuestra tierra, que conoce y respeta profundamente.

 

 

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