Pasaje seguro

Los países que actualmente actúan como frontera natural y política de Europa con Oriente Medio nos recuerdan el éxodo vivido por los españoles durante la Guerra Civil y cómo, nuestros compatriotas fueron confinados en campos de concentración para que no pudieran dispersarse. Eran otros tiempos. Entonces no existía la Unión Europea y cada país improvisaba medidas atendiendo a sus propias necesidades. Han pasado muchos años, pero está claro que Europa no ha aprendido la lección y sigue sin ver la diferencia entre la emigración económica y la de urgencia vital que impulsa a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares ante una guerra.

Los datos son escandalosos. En 2015 murieron intentando llegar a Europa cerca de 4.000 personas, de las cuales al menos el 30 por ciento eran menores de edad. Sólo en lo que va de año se han contabilizado 410 víctimas mortales, a las que habrá que sumar las personas que desaparecen bajo las aguas sin dejar rastro, las muertes que no llegamos a ver de quienes se adentran por la ruta de los Balcanes, desafiando el hambre y la nieve; y esos niños y niñas -más de 10 mil según algunas organizaciones- que se han perdido en Europa sin que consten en registro alguno.

Lejos de mejorar, la respuesta de Europa se ha tornado inceptable, pues los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, ante la más importante crisis humanitaria que vive el territorio comunitario desde la Segunda Guerra Mundial, han firmado un acuerdo inmoral y de dudosa legalidad, que contraviene el derecho de asilo, además de numerosos convenios internacionales sobre derechos humanos.

La propuesta de deportar en bloque a Turquía a todos los inmigrantes que lleguen a la UE a través de dicho país -incluidos los demandantes de asilo sirios y de otras nacionalidades-, a cambio de reubicar a un número equivalente de refugiados sirios asentados ya en Turquía y distintas medidas de apoyo económico, no hará más que agravar el problema y añadir más desesperación a estas personas que, por su situación, se encuentran muy indefensas.

Los socialistas nos sumamos al Alto Comisionado de la ONU para las personas refugiadas, a las ONG presentes en el conflicto a ambos lados de las fronteras, y a todos aquellos que han alzado su voz para frenar el atropello al que se está sometiendo a estas familias que han salido de su país a la fuerza y que, si nadie lo remedia, serán deportadas en masa de vuelta al punto de partida.

Hemos hecho nuestro el Manifiesto “Pasaje Seguro” de la Red Solidaria de Acogida, suscrito por numerosas organizaciones sociales, sindicatos y partidos de toda Europa para forzar a la Unión Europea a que ordene a sus países miembros la apertura de pasillos humanitarios por los que estas personas puedan circular para encontrar refugio en alguno de los 28 estados que forma la UE.

Nuestra última aportación a esta ola de respuesta social contra la intransigencia, la puesta en marcha de iniciativas en todas las instituciones, comenzando por los ayuntamientos, para que los representantes públicos actúen en línea con lo que espera la mayoría de la sociedad española y abran pasillos seguros por los que estas familias puedan refugiarse en Europa mientras dure el conflicto armado. Estoy convencido de que la solidadridad triunfará.

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