El PPucherazo

A nueve meses de las elecciones municipales de mayo, el Partido Popular ha puesto encima de la mesa una reforma del sistema de elección de alcaldes tramposa, oportunista y prepotente. El ‘pucherazo’ que plantea el Gobierno, como ya sabrán a estas alturas, pasa por establecer un sistema en el que los alcaldes sean elegidos por una mayoría simple, en lugar de la mayoría absoluta que se necesita actualmente. Esto quiere decir que un candidato que obtuviera un 40% de los votos pasaría a ser alcalde automáticamente, sin importar que el 60% de los votantes no estuviera de acuerdo con sentarlo en la Alcaldía.

La propuesta del PP pretende que una minoría pueda gobernar a la mayoría por la vía de impedir cualquier pacto entre formaciones políticas, sin tener en cuenta que los pactos son una opción perfectamente democrática y la garantía de que nuestras ciudades y pueblos estén gobernados por los representantes que hayan elegido más de la mitad de los votantes, siempre y cuando se alcance un acuerdo.

 

Lo que el PP pretende con esta reforma es, simplemente, impedir que en las próximas elecciones la derecha pierda un buen número de alcaldías y diputaciones, ante el avance que se está produciendo de las fuerzas de izquierda. El miedo a ese varapalo electoral es lo que ha llevado al PP a sacarse de la manga esta reforma que no busca mejorar la democracia, sino mantener a unos cuantos en su sillón.

 

Los socialistas estamos dispuestos a hablar de medidas de regeneración democrática. En este sentido, ya hemos propuesto modificar la ley de partidos políticos, que haya primarias abiertas, limitación de mandatos y que la Ley de Financiación de Partidos prohíba las donaciones de empresas privadas, entre otras cuestiones. También queremos prohibir los indultos políticos, impedir las puertas giratorias y que, si alguien se ha enriquecido aprovechando su cargo público, vea cómo sus bienes se destinan a devolver lo que ha obtenido ilícitamente.

 

Los socialistas estaremos siempre a favor de aquellas medidas que impliquen limpieza, regeneración democrática y fin de los privilegios. Podemos incluso hablar de una reforma de la ley electoral, pero afrontándola con sosiego y con calma, no unos pocos meses antes de unas elecciones, y sobre todo buscando el consenso de todas las formaciones. Lo que no valen son planteamientos ventajistas y chapuceros para salvaguardar los intereses de unos pocos.

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